viernes, 22 de junio de 2018

EL CORREO DEL CARONÍ



            La primera edición del Correo del Caroní,  registrada por el sexto mes de 1977, esboza a grandes rasgos, afinada después en los años inmediatos subsiguientes, lo que será su conducta editorial a partir del 27 de junio, fecha incluso que lo marcaba y predecía, pues era Día del Periodista Venezolano y efemérides de su homónimo el histórico Correo del Orinoco.        
            No hubo día más ideal para la natividad de un periódico. Fue escogido a propósito como homenaje a quien prestó su nombre para connotarlo con el del tributario más recio y telúrico que tiene el Orinoco, y su propietario y director para el mejor acabado de la obra le puso a la editora el nombre de Andrés Roderick, impresor que traspuso mares y se hizo grande en estas tierras.
            En rotativa offset, la más grande y moderna llegada a Ciudad Guayana, comenzó día a día a hilvanarse el diario standard de David Natera Febres, que entonces constaba de dieciséis páginas distribuidas en dos cuerpos. Posteriormente el espacio fue extendido a treinta y seis en cuatro cuerpos, compitiendo en calidad e información con los grandes rotativos del país.
            Obviamente que el Correo del Caroní es un periódico regional, pero la importancia que tiene para el guayanés no es sólo por ello, por el orgullo provincial y la calidad integral del formato, sino por la veracidad, claridad, exactitud y equilibrio de sus informaciones y por la oportunidad dada al habitante de aquende del Orinoco de tener acceso a la información escrita, bien sea regional, nacional e internacional, mucho antes de comenzar a circular los grandes rotativos nacionales.
            La calidad de la prensa de provincia y su fluida circulación incentivada también por el bajo costo comparativo, ha restado importancia a los periódicos de penetración nacional hasta el punto de eliminar éstos sus corresponsales. Si quedan algunos es en lugares de estratégico interés y para cubrir ciertas emergencias.
            De todas maneras, existen servicios de información sustentados en la avanzada tecnología comunicacional que permiten cubrir para suscriptores o abonados las informaciones importantes que los periódicos no tienen a su alcance por carecer de corresponsales propios o directos. También el Correo del Caroní, sin prescindir de corresponsales donde convenientemente cree su dirección deben estar, esta afiliado a esos servicios tanto a nivel nacional como internacional. Ello explica que en materia informativa pueda competir con los grandes rotativos nacionales, dándose frecuentemente el caso de que el Correo publique sucesos relevantes que no aparecen en los rotativos nacionales sino un día después.
            Muy distinto hasta treinta años atrás, ahora los editores no se preocupan demasiado para que sus diarios de la mañana salgan primero con la noticia o “el tubazo” como decimos en nuestro argot, sino en salir lo más temprano posible, tal vez atraídos por la máxima popular según la cual “quien madruga Dios lo ayuda” o “toma agua clara”  es decir, quien sale primero, primero vende. Su interés estriba en vender, en circular. El apremiado lector de la sociedad industrial cuando llega al puesto de publicaciones si no ha llegado su prensa preferida tiende a adquirir la que tiene a la vista. Y es evidente que un periódico se sustenta, fundamentalmente, con la pauta publicitaria, mucho más que con  el pregón, de allí el interés en circular temprano intentando una mayor circulación, pues a la postre, es lo que más interesa al anunciante, es decir, que su mensaje comercial llegue al mayor número de lectores posible.
            También es junto que el periódico con mayor circulación certificada pida precio más alto por su espacio. El Correo del Caroní debe y se empeña casi siempre con acierto en cubrir estos aspectos, pero invitando que lo lucrativo esté por encima de lo periodístico propiamente dicho. Si hay que sacrificar un espacio publicitario por una buena información, el Correo del Caroní de acuerdo a sus patrones ético está en capacidad de hacerlo.
            Bien es cierto que el periódico es una empresa cultural, lo ha sido siempre desde la invención de la imprenta en el siglo quince, pero debe sostenerse económicamente y generar beneficios para sus trabajadores, incluyendo a los editores, de donde se desprende y con mayor justificación en una sociedad industrial tan exigente, que el periódico es una empresa cultural pero igualmente una empresa lucrativa y tomando en cuenta ambos factores se ha convenido en un código de ética dirigido a proteger al lector que tiene de garante al periodista, al periodista profesional, al periodista de escuela, dotado de todas la herramientas técnicas, éticas, legales y humanísticas para jugar debidamente su rol en la sociedad.
            Pero como suelen decir los cristianos, “en la viña del Señor hay de todo”, hay periódicos que para asegurar una mayor circulación se salen de la regla que impone la ética del buen periodismo. Explotan el amarillismo o el sensacionalismo por su lado negativo, explotan el   bluff así como otros manejos ingratos de la información.
            No es el caso por cierto del Correo del Caroní, cuyo personal en todos los niveles tiene claro el concepto del término y las desviaciones mercantilistas de que son objeto algunos periódicos por parte de empresarios de la comunicación social contra los cuales se estrella la práctica doctrinaria del Colegio Nacional de Periodistas.
            Es históricamente evidente que al sensacionalismo se le debe prácticamente la revolución tipográfica de la prensa para llamar la atención, así como también el surgimiento del reportaje, de la entrevista y el periodismo de  calle ágil y vivaz. Con la prensa sensacionalista pudiéramos decir que comenzó el periodismo moderno, destacándose como pioneros Joseph Pulitzer, William Randolfth Hearst, Gordon Benet y Lord Northclffe, siendo de ellos Hearst el más atrevido.
            Williams Randolfth Hearst, norteamericano fallecido en 1951, editor de una cadena de periódicos que abarcaba las principales ciudades de los Estados Unidos, llegó a decir en el colmo de su sensacionalismo aquello de que “cuando un perro muerde a un niña, eso no es noticia; cuando una niña muerde a un perro, eso sí es noticia”. Una barbaridad desde el punto de la función social del periodismo, pues el hecho de que un perro muerda a un ser humano, por más común que sea el suceso, puede ser mortal si el animal está atacado de mal de rabia, lo que nunca se sabe en el momento de producirse la noticia. 
            Para Hearst abultar lo insólito como es el caso de que una niña muerda a un perro, era lo noticioso, lo interesante, lo importante. Pero si bien lo insólito despierta sensación por sí mismo, no por ello debemos promoverlo manejando la noticia en forma tal que pudiera lesionar sicológicamente en este caso a la niña, a los padres o a todos los niños penetrados por la noticia.
            Sermour Berkson, quien fuera director de un servicio de noticias (Internacional News Service),  lo advierte cuando afirma que “las noticias presentadas con exactitud muchas veces resultan sensacionales en sí mismas, pero el sensacionalismo en el manejo de éstas se halla estrictamente prohibido y no tiene perdón”.
            El sensacionalismo tiene dos caras como lo percibimos en esta cita del doctor Emil Dovifat, profesor publicista de la Universidad de Belín: “lo sensacional radica siempre en el interés del público; y cuando es publicístico, o sea, sinceramente al servicio del público, es necesario e imprescindible, pero nunca para satisfacer cualquier curiosidad apasionada o violación grosera de la vida privada. La vida esta llena de acontecimientos sombríos y hasta a veces trágico, que son conocidos, y tienen que serlo, para defender de sus causas, para prevenir de sus consecuencias y para cumplir el deber de reflejar el carácter de la época”.
            De suerte que el periodismo sensacionalista como lo afirma Dovifat tiene dos aspectos: uno positivo, vale decir, aquél que refleja interés para el público y que procura evitar causas y prevenir consecuencias, y el otro aspecto que implica manejar los sucesos con fines de suscitar y promover sensaciones con propósitos puramente lucrativos o, en otras palabras, de circular y vender más.
            Este último tipo de sensacionalismo, el puramente lucrativo, generalmente metido en el sexo, el crimen y la vida primada, es el perjudicial y al que tradicionalmente se le ha puesto color llamándolo “amarillismo”, tal vez por lo ictéricamente bilioso o por la cualidad expresiva que según estudiosos, tienen los colores, entre ellos, el amarillo asociado con la riqueza, la envidia y la maldad.
            Al sensacionalismo en su aspecto negativo habría que añadir igualmente el bluff cuando la noticia parte de algo inexistente y se le hace creer al público que una información falsa es auténtica.
            El Código de Ética del Colegio Nacional de Periodistas  sitúa el aspecto pernicioso de cierto tipo de sensacionalismo cuando advierte al comunicador en función de su misión social que no debe “deformar, falsear, alterar, tergiversar o elaborar material informativo impreso o audiovisual, cuya divulgación o publicación resulte denigrante o humillante para la condición humana” y, por lo tanto, establece como “condenable el uso de técnicas amarillistas como deformación del periodismo que afecta el derecho del pueblo a ser correctamente informado”.
            El Código de Ética igualmente es opuesto al anonimato y al uso incorrecto del seudónimo. Prohíbe la elaboración de textos, ilustraciones apócrifas, arreglos o montajes destinados a dañar la fe pública. Finalmente, considera como falta grave el comunicar de mala fe acusaciones sin pruebas o ataques injustificados a la dignidad, honor o prestigio de personas, instituciones o agrupaciones.

            Como viene observando el Correo del Caroní desde aquel sexto mes de 1977, la libertad de información insertada en los términos de la libertad genérica proclamada por todos los pueblos y reconocida por nuestra Constitución Nacional, tiene que ser para la promoción, bienestar y seguridad del hombre, para su elevación espiritual, moral y material y, por consiguiente, no debe invocarse este principio para “justificar intereses mercantiles o sensacionalistas o para convalidar tergiversaciones del mensaje informativo”. 

jueves, 21 de junio de 2018

LEY DE EJERCICIO DEL PERIODISMO




         Vigente desde el 4 de agosto de 1972, la Ley de Ejercicio del Periodismo, fue reformada por el Congreso Nacional de la República y promulgada dicha reforma el 22 de diciembre de 1994, por lo que los periodistas venezolanos contaban integralmente con un instrumento legal para el cabal ejercicio de su profesión.
            Casualmente, tocó al doctor Rafael Caldera ser el ejecutor en sus dos períodos de Gobierno tanto de la Ley como de su reforma y al Congreso de la República, el presidido en 1972 por J. A. Pérez Díaz y al presidido por Eduardo Gómez Tamayo, sacar adelante la Ley contra las presiones y obstáculos interpuestos por el Bloque  de Prensa, la Cámara de Radio y Televisión y la Sociedad Interamericana de Prensa.
            Esta no era una Ley sólo para garantizar la existencia y permanencia de la Escuela de Comunicación Social a nivel universitario ni para evitar la piratería y una competencia desleal en el mercado de trabajo, sino también para ajustar con fuerza de ley la actuación del periodista a los principios de la ética profesional y al respeto y  defensa de los derechos humanos, de la paz de los pueblos y de la libertad de expresión al servicio de la verdad y  pluralidad de las informaciones.
            La reforma con el objeto de perfeccionar el instrumento legal que ampara la actividad periodística en Venezuela, incluye la modificación de determinados artículos y la ampliación e inclusión de otros, todo lo cual era el producto de la experiencia de 22 años de ejercicio profesional bajo el status de la Ley del 72.
            El Artículo Primero fue el primer afectado en la dicha reforma con un agregado que lo perfecciona así: “El ejercicio de la profesión de periodista se regirá por esta Ley y su Reglamento. Los miembros del Colegio Nacional de Periodista estarán sometidos como tales a los Reglamentos Internos del Colegios, al Código de Ética del Periodista Venezolano y a las resoluciones que dicten los órganos competentes del Colegio”.
            El Artículo 2 ahora es más amplio y preciso. Reconoce como Periodista Profesional a los Licenciados en Periodismo y en Comunicación Social, y a quienes tengan título equivalente expedido en el país por una universidad, o titulo revalidado legalmente y además, que estén inscritos en el Colegio y en el Instituto de Previsión Social. Incluso, permite que los graduados en el exterior, ejerzan en el país durante el año que se supone dura la reválida.
            El Artículo 3 es muy importante por cuanto establece de una vez la función propia de un periodista, cual es a “la búsqueda, la preparación y la redacción de noticias;  la edición gráfica, la ilustración fotográfica, la realización de entrevistas periodísticas, reportajes y demás trabajos periodísticos, así como su coordinación en los medios de comunicación social impresos, radiofónicos y audiovisuales, agencias informativas, secciones u oficinas de prensa o información de empresas o instituciones públicas o privadas. Los periodistas que ejerzan en medios radiofónicos y audiovisuales están autorizados para efectuar las locuciones propias o vinculadas con su actividad profesional”.
            Las funciones de la misma índole que se ejerzan en órganos de difusión impresos, radiofónicos, o audiovisuales dependientes de instituciones oficiales o privadas sin fines de lucro, de carácter cultural, político, sindical, religiosos, científico, técnico, ecológico, vecinal o estudiantil, que tengan como único fin la información y divulgación de sus propias actividades, quedan exceptuadas en el Parágrafo Primero de este artículo 3 asimismo, los directores de medios de comunicación social, aunque no sean periodistas, podrán ejercer plenamente sus funciones de dirección, conducción de programas radiales o audiovisuales, coordinación y planificación, garantizando  la libertad de expresión de los ciudadanos y la pluralidad informativa, los directores de programas de medios radiofónicos y audiovisuales, los moderadores, animadores y locutores ejercerán plenamente sus funciones, aunque no sean periodistas.
            Hay un tercer parágrafo en esta Ley que favorece a los reporteros gráficos, pues éstos podrán ejercer la actividad aún cuando no sean miembros del Colegio Nacional de Periodistas. Sólo que no estarán amparados por esta Ley.
            La nueva Ley establece en el Artículo 8 el Secreto Profesional como derecho y responsabilidad del periodista: “Ningún periodista está obligado a revelar la fuente de hecho de los que haya tenido conocimiento en el ejercicio de su profesión”.
            Pero así como la Ley ampara al periodista en el secreto profesional, también lo obliga a rectificar “oportuna y eficientemente toda tergiversación o ausencia de veracidad en la información”. De igual manera obliga a la empresa a “dar cabida a tal rectificación o a la aclaratoria que formule el afectado”. Tampoco, “sin perjuicio de la facultad que le corresponde a los directivos de  los distintos medios de comunicación social, éstos no podrán adulterar o falsear los hechos objetivos de las informaciones ni obligar al periodista a que realice adulteraciones o falsificaciones”.
            Hay un artículo muy importante en la nueva Ley –el 39, importante porque prevé castigo para quienes ejerzan ilegalmente la profesión. “El que ejerza ilegalmente la profesión de periodista -dice la Ley- será sancionado con pena de prisión de tres (3) a seis (6) meses. Es competencia de la jurisdicción penal, conocer y sancionar la participación en estos casos y el enjuiciamiento será de oficio, por denuncia o a instancia de parte”.
            Las otras modificaciones son de carácter gremial, muy internas y tiene que ver con la organización del Colegio Nacional de Periodistas (CNP), las sanciones disciplinarias, con la previsión y seguridad social del periodista.
            Algo nuevo desde el punto de vista gremial es que ahora lo Secretarios Generales Seccionales son delegados natos a la Convención Nacional y que el número de delegados lo determinará el Secretario Nacional.
            Las representaciones de la Convención Nacional, así como los órganos directivos del CNP serán electos mediante el voto directo y secreto de sus miembros, de acuerdo con el Reglamento Electoral del Colegio, es decir, tal cual como lo establecía la Ley del 72, pero sin la  representación proporcional de las minorías que daba lugar a las consabidas planchas electorales. Se entiende que tal disposición deja las puertas abiertas al Reglamento para la elección uninominal.
            El problema de la ética propende a resolverse a favor de la sociedad cuando la Ley establece sanciones disciplinarias que van desde la amonestación privada hasta la suspensión temporal del ejercicio profesional para el periodista que incurra voluntariamente en error o falsedad de hecho en sus informaciones, adultere intencionalmente opiniones y declaraciones de terceros, se niegue a rectificar debidamente los errores de hecho en que haya podido incurrir al informar sobre personas, sucesos y declaraciones, adultere o tergiverse intencionalmente las informaciones con el objetivo de causar daño o perjuicio moral a tercero y estimule o ampare el ejercicio ilegal del periodismo.
            Establece día feriado para  los periodistas el 27 de junio de cada año, en conmemoración del nacimiento del “Correo del Orinoco” en 1818, vocero de la emancipación nacional. Otro beneficio es el de la jubilación para cuyo efecto habrá un fondo Especial que estructurará el Instituto de Previsión Social del Periodista.
            Aun cuando en ciertos aspectos del Proyecto de reforma privó el concepto estatista de la conciliación de intereses en conflicto, opinamos que la Ley mejoró, lo que no impedirá que continúe la discusión y las apelaciones sobre la interpretación de artículos como el 3 que define las funciones del periodista.
            Lo que se ha pretendido con la reforma de la Ley no ha sido sólo la protección y seguridad del ejercicio del periodismo, el amparo contra el seudoperiodismo, sino también la calidad y veracidad de la información como el derecho de poder el periodista informar con entera libertad todo lo que el pueblo tiene derecho a saber.

            Estamos convencidos los periodistas que ejercemos en el país, que la Ley beneficia tanto a la sociedad, al medio de comunicación social, como al recurso humano que técnica y profesionalmente lo alimenta. Fortalece también a la Escuela de Comunicación Social como formadora de un recurso humano sin más competencia que la calidad. A quienes difícilmente beneficiaría y de allí seguramente la campaña sistemáticamente adversa, es a los que tienen y utilizan los medios, no como instrumentos  de difusión, orientación y formación de un ciudadano apto para el ejercicio cabal de una democracia en función del colectivo, sino de una democracia bastarda, donde los intereses individualistas que han llevado al país a la ruina, estén por encima de los de al nación. Para ellos, la Ley es mala, inconveniente. 

miércoles, 20 de junio de 2018

DÍA DEL PERIODISTA



            Si bien la Ley estable feriado el 27 de Junio para los Periodistas, ya desde 1964 el gremio lo había adoptado conforme acuerdo de la IV Convención Nacional  realizada en Valencia en julio de ese año, atenida a una Ponencia presentada por el periodista Guillermo García Ponce, pero no era reconocido por las empresas editoras que sólo aceptaban como tal el 24 de octubre, aniversario de la Gaceta de Caracas, por estar incluida en los convenios con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y el Sindicato de la Industria Gráfica.
            Efectivamente, el 24 de octubre de 1808, apareció el primer número de la “Gazeta de Caracas”, editada por Mateo Gallagher y Jaime Lamb, en la imprenta que al aparecer fue la misma traída por Francisco de Miranda en su tentativa de independencia por las costas de Coro en 1806.  La fecha adoptada como Día del Periodista, por la Asociación Venezolana de Periodistas en sus comienzos y posteriormente por los trabajadores gráficos que aún la mantienen dentro de sus contratos colectivos, se basó en el mérito que tiene “La Gazeta de Caracas”  de ser la primera publicación periódica de la época de la Colonia, pero García Ponce argumentó en la Convención que dicha Gazeta no puede simbolizar el periodismo venezolano independiente, es decir, que el Día del Periodista no puede ser el día del primer periódico publicado sin importarnos su contenido.
            En conclusión que “El Correo del Orinoco” simboliza el periodismo al servicio de la Patria y constituyó una de las obras del Libertador más importantes para el triunfo de lar armas republicanas., por lo tanto, “El 27 de junio de 1818 como fecha inicial del verdadero periodismo venezolano representa una fuente de inspiración de la misión que debe cumplir el profesional de la prensa. Ajena a cualquier manifestación ideológica partidista, la idea de celebrar el 27 de Junio como Día del Periodista, en lugar del 24 de Octubre, ha encontrado en numerosas oportunidades la adhesión de los periodistas venezolanos ya que como escribe el colega Francisco J. Ávila en su libro “El Periodismo y su filosofía”: “…el 27 de Junio debe ser el Día del Periodista, día que nos recuerda la primera cátedra de buen periodismo que nos dieron, frente a las aguas indígenas del Orinoco, los hombres que luchaban por la libertad…”
            El Proyecto de Acuerdo presentado y aprobado por la IV Convención Nacional de Periodistas dice así “Considerando que el 27 de Junio de 1818 se editó en Angostura, hoy Ciudad Bolívar, el primer número de “El Correo del Orinoco”, fundado por el Libertador Simón Bolívar.
            Que es necesario que el Día del Periodista simbolice la misión del periodismo venezolano al servicio de los valores morales y materiales que constituyen la Patria.
            Que es deber de los venezolanos inspirarnos permanentemente en el ejemplo patriótico de quienes nos legaron soberanía e independencia, acuerda celebrar a partir del próximo año, el 27 de Junio como Día del Periodista.
            Vale decir que en Venezuela, antes de haber la AVP adoptado el 24 de Octubre Día del Periodista, se celebraba como en el resto de la América Latina, el Primero de Febrero por iniciativa en 1934 de Bernardo Ángel, Director International de Aeronero Service, de Nueva York.  La celebración no era muy religiosa y generalmente pasaba por debajo de la mesa.  Pero había periódicos, entre ellos, “El Diario de Carora” dirigido por Antonio Herrera Oropeza,  que lo celebraban con ediciones especiales como la del primero de febrero de 1938, de 28 páginas, dedicadas al poeta Alcides Losada.



martes, 19 de junio de 2018

LIBERTAD DE PRENSA E INFORMACIÓN



            En el pasado, a la luz de las Constituciones, la discusión política se centraba en la libertad de prensa y desde un tiempo para acá, en la libertad de información, pero sólo la Constitución de 1945 dispuso garantizarla, ninguna otra, ni siquiera la Bolivariana, tan lata en esa materia, la garantiza, sino que deja un terreno demasiado amplio para las aprensiones.
            Desde Gutenberg, mediado del Siglo XV, hasta la relativamente reciente invención de los medios audiovisuales, se habló de Libertad de Prensa o de imprenta como aspiración de quienes querían usar los medios de impresión para la divulgación masiva de ideas y opiniones, sin inconvenientes represivos de ninguna índole, sustentándose en el principio según el cual el pueblo tiene derecho a ser informado veraz, oportuna  e integralmente de todo cuanto le concierne, y el periodista el deber de cumplir con esa obligación social.
            Luego que se inventó el cine y progresivamente la radio y la televisión hasta perfeccionarse y transformarse en extraordinarios medios de competencia dado su gran alcance y  mayor penetración que los impresos, se ha venido sustituyendo en la ley el vocablo “prensa” por el de “medio de difusión”, mucho más universal. Así tenemos que la primera Constitución de Venezuela 1811, dice en su Articulo 181 que “será libre el derecho de manifestar los pensamientos por medio de la imprenta, pero cualquiera que lo ejerza se hará responsable a las leyes si ataca o perturba con sus opiniones la tranquilidad pública, el dogma, la moral cristiana, la propiedad, honor y estimación de algún ciudadano”.
            En la Constitución de la Gran Colombia, cuyo proyecto discutió el Congreso de Angostura en 1819 y sancionó más tarde el de Cúcuta, se establece que “El derecho de expresar sus pensamientos, y opiniones de palabras, por escrito o por cualquier otro modo, es el primero y más estimable bien del hombre en sociedad. La misma ley jamás podrá prohibirlo, pero tendrá poder de señalarle justos límites, haciendo responsables de sus impresos, palabras y escrito a las personas que abusaren de esta libertad, y dictando contra este abuso penas proporcionadas”.
            La Constitución de 1830, ya separada Venezuela de la Gran Colombia como una sola nación libre e independiente, establece “el derecho de publicar sus pensamientos y opiniones de palabras o por medio de la prensa, sin previa censura”.
            En la Constitución de 1945 se mantiene el término imprenta, pero se le añade “y otros medios de publicidad”. Exactamente dice: “Se garantiza la libertad de pensamiento, manifestado de palabra, por escrito, por medio de la imprenta y otros medios de publicidad…”.
            Es en la Constitución Nacional de 1961, recientemente abrogada, cuando se deja de hablar de prensa o de imprenta al establecer el Articulo 66 que “Todos tienen derecho de expresar su pensamiento de viva voz o por escrito y de hacer uso para ello de cualquier medio de difusión sin que pueda establecerse censura previa; pero quedan sujetas a pena, de conformidad con la ley, las expresiones que constituyan delito. No se permite el anonimato. Tampoco se permitirá la propaganda de guerra, la que ofenda la moral pública ni la que tenga por objeto provocar la desobediencia de las leyes, sin que por esto pueda coartarse el análisis o la crítica de los preceptos legales”.
            En la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el artículo anterior, aunque con redacción distinta, se mantiene en el Artículo 57 y amplía con la incorporación de tres nuevos artículos -58, 60 y 61- el Artículo 57 establece que “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, su ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión,  sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra…” Este artículo se extiende con el siguiente agregado: “…ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa. Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades”.
            El Artículo 58 expresa que “La comunicación es libre y plural, comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como el derecho de réplica y rectificación cuando se vean afectados directamente por informaciones inexactas o agraviantes. Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información adecuada para su desarrollo integral”. Este artículo recoge lo pautado en el Artículo 31 de la Ley de Colegiación y en el Artículo 6 del Código de Ética del Periodista.
            El Artículo 60 dispone que “Toda persona tiene derecho a la protección de su honor, vida privada, intimidad, propia imagen, confidencialidad y reparación. La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y al intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos”. Este artículo recoge en parte lo establecido en el Artículo 5 del Código de Ética.
            El Artículo 61 expresa que “Toda persona tiene derecho a la protección de conciencia y a manifestarla, salvo que su práctica afecte la personalidad o constituya delito. La objeción de conciencia no puede invocarse para eludir el cumplimiento de la ley o impedir a otros su cumplimiento o el ejercicio de sus derechos”.
            De manera que por cualquier medio de difusión (prensa, radio, TV, cine, libros) los venezolanos pueden expresar libremente su pensamiento, vale decir, sus ideas, su opiniones “sin que pueda establecer censura”.
            Las Constituciones, al menos las que conocemos, especialmente las venezolanas que casi llegan a treinta, jamás han hablado específicamente de “Libertad de información”, frase modernamente frecuente dada la función social de los medios de comunicación de masas de informar, orientar y entretener.
            Entendemos que al redactarse “Todos tienen el derecho de expresar su pensamiento” se pretende abarcar ese aspecto por cuanto todo pensamiento contiene un mensaje, una información.
            Alexis Márquez escribe en su libro “La Comunicación Impresa” (pp.20)” que el hombre es un ser pensante, y que su pensamiento, que da origen y forma a los fenómenos de expresión y comunicación, se construye con el auxilio imprescindible de las palabras, de la lengua.
            En consecuencia, al establecer la Ley que todos tienen derecho de expresar su pensamiento a viva voz o por escrito y a través de cualquier medio, sin censura, se está reconociendo la libertad de información y de hecho un derecho natural y civil del hombre.
            En la forma como quedó concebido este derecho en la Carta Magna se reconoce, se admite tácticamente, pero ¿se garantiza? Por ningún lado se dice que se garantiza. La Constitución de 1945 utiliza el verbo garantizar, pero no así la del 61 ni la del 99. de lo cual se desprende, es nuestra particular apreciación, que ese derecho se admite, se reconoce y por lo tanto el Estado no pondrá trabas para que se ejerza con toda libertad y, es más, protege legalmente al Periodista (Ley de Colegiación), por estar académicamente preparado, para que sea él y no otro quien maneje dentro de las pautas de la ley y de la ética profesional, la información que debe llegar al pueblo, pero no garantiza taxativamente que la libertad de información no será mediatizada por el propio Estado y los llamados Grupo de Presión de acuerdo a sus intereses políticos y económicos.
            Creemos que la libertad de información debe ser reconocida y sostenida con todas las garantías e integridad nacionales, de la democracia, la libertad, la igualdad y la justicia. Sin embargo, el sistema de propiedad de los medios que poderosamente influyen en la educación y cultura de los pueblos desvirtúa en la practica este concepto y por otro lado, al menos, en la Constitución vigente desde noviembre de 1999, se deja un amplio margen para las interpretaciones, lo cual es peligroso, como comienzan a demostrarlo las demandas por difamación. Es evidente que las leyes, fundamentalmente la Constitución, deben ser exactas y precisas, sin ningún margen para las buenas o malas interpretaciones o, lo que es lo mismo, para las dudas.
            Si bien la libertad de expresión queda en el texto expresada “sin que sea posible censura alguna”, el artículo 58 dispone que “toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial (…) así como a la réplica y rectificación cuando se vea afectada directamente por informaciones inexacta o agraviantes”, lo cual está muy  bien en el Código de Ética del Periodista, pero no cuando se le otorga rango constitucional porque podría dar lugar a que desde el Gobierno pueda establecer algún control para determinar la veracidad, la oportunidad y la imparcialidad de la información, y con ello, el establecimiento de alguna verdad oficial. Al menos es lo que opina el parlamentario Ramón José Medina, uno de los pocos juristas expertos en el tema de la libertad de expresión.

            La condición de veraz, oportuna e imparcial es inherente a toda noticia: si no cumple con esos requisitos, simplemente no es noticia por cuanto no interesa y en cuanto a la réplica, posición que comparten con Medina la mayoría de editores y periodistas, es un derecho natural, pero lo de la rectificación si es más riesgoso, pues debe aclararse que el agraviado sólo puede recibirla a partir del propio reconocimiento del periodista de su equivocación, o por orden de un tribunal. De otro modo, esto puede invocarse para ocultar o modificar verdades que afectan determinados intereses. 

lunes, 18 de junio de 2018

EL GUAYANÉS


            El 17 de octubre de 1988, en plena campaña electoral, el Grupo Comunicacional Guayana, dio a luz en la avenida principal de Castillito, Puerto Ordaz, la primera edición de “El Guayanés”, con la autodenominación “Diario del Sur”, formato Standard, seis columnas, bajo la dirección del periodista Celestino Adames Pérez, quien venía de dirigir el extinto diario El Pueblo de San Félix.
            Aparece como Editor y Presidente del “Grupo Comunicacional”, el Licenciado Omar González Moreno, entonces Gobernador del Estado Bolívar y ex Presidente de la Asamblea Legislativa.  En la Secretaría de redacción Aliette Díaz y en la Coordinación, Judith González Rojas.
            Impreso en los talleres de la Editorial Santa Inés, abre la primera edición con el editorial “Buenos días Guayana” que traza lo que será el rumbo del nuevo periódico al servicio de la sociedad y progreso de Guayana;  el anuncio de que está “en peligro la paz social por la grave crisis económica”, la plataforma oceánica adquirida por Ferrominera Orinoco y el programa de gobierno que propone Carlos Andrés Pérez desde Maracaibo para optar por segunda vez a la Presidencia de la República.
            El editorial del primer día no dejará de salir en las ediciones sucesivas, pero a una columna en la parte derecha inferior de la primera plana e identificado como “Punto de Vista”. Este editorial de la edición dos, opina sobre la información del programa de gobierno de CAP expuesto el día anterior, destacando la oferta de construcción del segundo puente sobre el Orinoco para enlazar a Ciudad Guayana con los Estados Monagas y Anzoátegui y la promesa del Ferrocarril que uniría a Bolívar con el centro del país.  Complementa el comentario una caricatura del candidato en la misma primera plana, del artista  Víctor Reynales, quien se mantendrá como tal en  buena parte de la vida inicial del periódico con la cotidiana caricatura “Pastel de morrocoy”, compartida en la sexta página  con los articulistas de opinión.
            El cabezal o logotipo, fijo en la parte semi-superior, abarcaba todo lo ancho del  diario matutino de dos cuerpos y 24 páginas, pero entre el artículo determinado EL y el gentilicio GUAYANES, la figura de un morrocoy, inspiración de su editor queriendo significar que poco a poco se llega a lejos. Tal vez tener un periódico propio fue el sueño de su editor cuando era estudiante en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica “Andrés Bello”, lo que fue posible ya cifrando los cuarenta años.  Pero El Guayanés se fue de sus manos cuando vino la debacle de su partido Acción Democrática y perdió el Poder.

            La Editorial Santa Inés, con su fruto principal, pasó a otras manos y Omar González Moreno recogió sus bártulos y se reubicó en Puerto La Cruz donde fundó el tabloide “Diario del Sur”, denominación complementaria de “El Guayanés”, ahora en manos del ingeniero José Gregorio Castillejos, su director-editor, quien, acompañado en la subdirección por la licenciada Carmen Carrillo y en la jefatura de redacción por el licenciado Jorge Morillo, le imprimió otra imagen empezando por el logotipo que dejó de ser todo en letras mayúsculas para situarse en la parte superior del formato, tres cuerpos a todo color y con el lema: “Razón de la verdad”, sin quelonio.

domingo, 17 de junio de 2018

EL PROGRESO


            En 1854, época de los Monagas, Ciudad Bolívar tenía Imprenta Municipal, en la que se editaba preferentemente la Gaceta Oficial y varios periódicos locales,  entre ellos, El Progreso, semanario semioficial, comercial, literario e industrial que, exceptuando el Correo del Orinoco, dio cabida por primera vez a la poesía.
            El. Licenciado Carlos Mejías ignoraba este hecho histórico del periodismo guayanés, cuando entre varios nombres y aceptando las sugerencias de un amigo, decidió esta denominación de “El Progreso” para la que sería la obra más importante de su vida.
            El diario “El Progreso” de Ciudad Bolívar, el de mayor circulación y cobertura en todo el Estado a pesar de su temprana edad, no es  producto de un ensayo casual sino el resultado de un proceso que con el pasar del tiempo se fue madurando. Carlos Mejías dice que todo comenzó en los albores de su adolescencia allá en la tierra del oro y del calipso donde nació y se dolía de que los periódicos de la región poco se ocuparan del acontecer de El Callao. Entonces, siendo apenas  estudiante del primer nivel, trabajó dentro de sus limitaciones para llenar este vacío.  Se puso de acuerdo con varios amigos y editó en multígrafo “La Voz del Yuruary”, semanario por el cual los moradores de El Callao pagaba “un cachete” (Bs.5,00) mientras que los periódicos que allá llegaban de Ciudad Bolívar se pregonaban a Bs. 025. Un fenómeno interesante que lo aguijoneará toda la vida.
            “La Voz del Yuruary” circuló desde 1966 hasta 1969.  Los estudios de secundaria en el “Liceo Peñalver” y superior en el IUTIRLA de Caracas dejaron atrás este hermoso proyecto juvenil de la provincia adentro que Carlos Mejías registra en su memoria como un romántico  antecedente  que se refuerza en Ciudad Bolívar con “La Denuncia”, otro semanario, técnicamente mejor concebido y que en realidad no fue más que el laboratorio del hoy matutino tabloide “El Progreso”.
            Mejías que nunca dejó de estudiar hasta graduarse primero de técnico, luego de licenciado y finalmente de magíster en educación superior y planificación, estuvo durante dieciocho años administrando el Instituto Universitario donde estudió y finalmente decidió separarse de la docencia para   transformar la voz del Yuruary en la voz de toda la región de Guayana.
            “El Progreso” como reminiscencia inconsciente de aquel otro homólogo de mediados del siglo diecinueve, apareció el 8 de mayo de 1993 en formato tabloide de 24 páginas y con el lema “La verdad primero”.  Ese día de San Acacio, con la colaboración de varios periodistas, entre los cuales destacaba Rosendo Magallanes, como un verdadero alter ego, Carlos Mejías se lanzaba al ruedo de una nueva empresa que en vez de aulas limitadas por muros adoptaba el espacio abierto e infinito de la calle como cátedra para la información y la discusión de las ideas. 
El matutino despegaba desde un viejo inmueble de la Calle Zea, impreso en una rotativa de segunda mano que Carlos Mejías adquirió en los Estados Unidos junto con el primer equipo digital que la industria gráfica establecía en la provincia.  El tiraje inicial fue de ocho mil ejemplares que luego la demanda estabilizó en tres mil hasta que el estilo noticioso y localista del periódico le fue imprimiendo un impulso ascendente.  En 1995, “El Progreso” había alcanzado un tiraje de 20 mil ejemplares y en la actualidad bordea los 32 mil con un ocho por ciento de devolución.
            Y en la medida que se ha venido incrementando el tiraje, en esa misma medida ha crecido el número de páginas que en la actualidad es de 32 y de 48 en el futuro inmediato, vale decir,  tan pronto se concluya el proceso de reestructuración de la Editorial “Huyapari”, virtualmente a la vanguardia de las nuevas tecnologías de impresión. Pronto entrará en operación un CTP, sistema digital que cumplirá el proceso de fotomecánica, fluidamente desde la diagramación en el computador hasta el revelado automático de las planchas.

            

sábado, 16 de junio de 2018

NUEVA PRENSA DE GUAYANA



         El 7 de enero de 1998, un día después de la Epifanía del Señor, como para prolongar el rito del bautizo y el regalo, Guayana recibió además del agua lustral el tributo de un nuevo periódico, “Nueva Prensa”, con la particularidad, tal vez único caso, que no celebra el aniversario de su natalicio sino el 9 de febrero.
            La explicación tiene una motivación práctica y es que el 9 de febrero, además de ser aniversario de la fundación de Puerto Ordaz, su sede, es fecha más alejada del 7 de enero cuando aún la gente se siente amodorrada del hartazgo festivo de la Navidad y Año Nuevo.
            Pero tal vez lo importante no sea eso sino el hecho de tener Guayana un nuevo diario confeccionado con los recursos de la tecnología moderna y favorecido por la condición  de  tener como sede o centro de operaciones una región donde Venezuela hecha las bases más sólidas de su economía industrial, lo contrario habría sido una aventura ante la existencia para el momento de otros cinco diarios matutinos con camino bien andado.
            A seis años (2004) de su existencia ha quedado demostrado con su prestigio y alta circulación el acierto del ingeniero Rubén Gamarra al proponerle a esa masa de lectores tan amorfa como dinámica y ascendente en el tiempo, un medio de comunicación impreso que se prestigia de independiente, al menos eso advierte el logotipo, siempre fijo y centrado en la parte superior del formato.          
            Formato Standard, full color, de cuatro cuerpos: El primero dedicado a política, economía, finanzas, noticias nacionales e internacionales además de la página de opinión junto con las caricaturas de Osto en el reverso de la primera plana donde aparecen jerarquizadas las informaciones más importantes del día anterior.
            El segundo cuerpo totalmente dedicado a la actividad deportiva regional, nacional e internacional.  El tercer cuerpo o sección “C” como la prefiere el periódico, está dedicado a destacar las noticias de mayor interés de Ciudad Bolívar y el interior del Estado además de los temas concernientes al arte, la cultura, ecología y espectáculos de farándula.  El último cuerpo de la “Nueva Prensa” está orientado hacia la comunidad y los sucesos aparte de cinco páginas de avisos económicos.
La “Nueva Prensa de Guayana” funciona como una empresa total donde distinto al común de los medios impresos, se funden, en una sola unidad o ente, la editora y su producto esencial que es el periódico, lo que explica que no se trata de una compañía o sociedad mercantil común, sino de la propiedad de una familia, en este caso, de la familia Gamarra  Fondacci.  De allí que el ingeniero Rubén Gamarra,  figure como Presidente de la Junta Directiva a la vez que editor y director acompañado de su esposa Jalousie Fondacci en la Vicepresidencia y del hermano de ésta en la Vicepresidencia ejecutiva.

El liderazgo intelectual del matutino descansa en el subdirector y jefe de redacción que actualmente son respectivamente los Licenciados Yseley de Manzano y Gerardo M. González.  Durante los primeros cinco años del periódico estuvo ejerciendo la subdirección el Licenciado Cruz Echenique, quien parece destinado a dejar su sello de veterano periodista en la iniciación de los diarios de la región bolivarense (Correo del Caroni, Nueva Prensa y Diario de Guayana).